No hay vuelta atrás

Hace ya un año que emprendimos esta aventura. Lo llamo aventura, aunque sea un término muy manido, porque no consigo que se me ocurra otra palabra que defina mejor todo lo que nos ha sucedido en estos meses de emprendedores.

La primeras tarjetas de Yo, contigo

Yo, contigo. Teatro en el aula

Lo de emprender no tengo claro que sea un concepto que me guste. Me gusta lo que implica de riesgo, de novedad, de libertad y, como es mi caso, de hacer algo que realmente me encanta. Lo que no me gusta tanto es lo que tiene de riesgo, de novedad, de falta de libertad y, como es mi caso, de hacer muchas cosas que detesto. Es algo contradictorio. Desde que me dedico a Yo, contigo tengo la extraña de sensación de vivir en una constante contradicción: dispongo de más tiempo para mi familia pero no lo disfruto igual porque estoy pensando que debería trabajar más; dispongo de menos dinero que nunca pero sé que soy un privilegiado que tiene mucho más que la mayoría; discuto con mi mujer muchísimo más que antes pero estoy muy feliz de pasar casi todo el tiempo con ella; me gustaría volver a ser un empleado pero ya no estoy dispuesto a dejar ninguna de mis ocupaciones actuales. En fin, un lío.

La parte más positiva de todo esto es que ya no tiene vuelta atrás. He oído bastantes veces que es importante que salgamos de vez en cuando de nuestra zona de confort. Yo tengo la sensación de haber salido hace tanto tiempo que ya no recuerdo cómo era mi zona de confort. La verdad es que no sé si estoy bien o mal, pero no voy a volver a visitar esa zona durante un buen periodo de tiempo. También compensa creer (al menos, creer) que lo que hacemos en Yo, contigo sirve para construir un mundo mejor. Pero eso queda para otra entrada en el blog así que me quedo con el título de este post: soy emprendedor… no hay vuelta atrás.

jacob

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