Regalar

Cuando nos lanzamos al mundo del emprendimiento (no es que nos guste mucho esa palabra, pero creo que es bastante acertada) recibimos una cantidad abrumadora de información sobre lo que debíamos y no debíamos hacer para que nuestro proyecto sobreviviera. Una de los aspectos en los que más nos insistieron todos aquellos a los que consultamos, con los que hablamos sobre el tema o, simplemente, pasaron por allí para opinar, fue la necesidad de diferenciarnos del resto, de tener algo que nos distinguiera de otras personas o empresas que hicieran lo mismo que nosotros. En estos años de pensar y repensar el proyecto Yo, contigo, hemos creído encontrar esa diferencia en nuestras especiales personalidades, en la combinación de caracteres, en la personalización del trabajo que realizamos, en la capacidad de adaptación,…Todos esos aspectos nos sirvieron en su día; nos parecieron (y, aun hoy, algunos nos lo siguen pareciendo) que nos diferenciaban del resto. Pero hace poco creemos haber descubierto uno que nos provoca sentimientos encontrados: nos resulta en muchas ocasiones difícil, nos causa bastantes quebraderos de cabeza y, sin excepción, nos deja un poso de satisfacción enorme cuando termina. Hemos descubierto que una de las especialidades de Yo, contigo es regalar nuestro trabajo. Dicho así, puede sonar desde pretencioso a estúpido. No quisiéramos ser ni una cosa ni la otra, pero estamos seguros de que, si no regaláramos parte de lo que hacemos, no seríamos nosotros mismos.

Regalar es un verbo inspirador. Regalar es dedicar tu tiempo a los demás sin esperar más que tu propia satisfacción personal. Regalar es poner tus talentos al servicio de quien te necesite para aliviar las carencias que hacen que te necesite. Regalar es dejarte llevar por el corazón cuando elaboras un presupuesto. Regalar es, en muchas ocasiones, hacer lo que quieren los demás. Regalar es, casi siempre, hacer lo que tú quieres a cambio de ver tu propia sonrisa interior. En realidad, nos pasamos la vida regalando: a nuestros amigos, a nuestros hijos, a nuestra familia, a aquellos que tenemos cerca,… Cuando regalamos nuestro trabajo en realidad estamos regalando lo mejor que sabemos hacer y es por eso que nos provoca sentimientos que van en direcciones aparentemente opuestas: no me pagan nada por esto a lo que estoy dedicando tantas horas pero… me encanta que me lo hayan pedido porque eso significa dos cosas: que lo hago bien y que confían en mí.

Hace un tiempo, reflexionando sobre lo que ha supuesto la palabra regalar en nuestras vidas, descubrimos que se nos daba muy bien y que no podemos vivir sin hacerlo. Pero también nos dimos cuenta de algo mucho más importante: estamos rodeados de personas que regalan. De hecho, sin ellas, Yo, contigo no existiría. En el fondo, nos encanta regalar. Y nos encanta que nos regalen. Gracias.

Eso que hacéis

Mi hijo mayor ha tenido que poner en una ficha la profesión de sus padres: no sabía qué poner. Yo le dije, sin pensarlo mucho, que pusiera que su madre era educadora y su padre escritor, pero sé que esas palabras no definen exactamente lo que hacen sus padres para ganarse la vida.

Sesión incial en un colegio de Segovia

Un primer día cualquiera

Desde que pusimos en marcha Yo, contigo, cuando alguien se refiere a nuestra profesión actual pueden ocurrir dos cosas: que use algún término que no tenga mucho que ver con nuestro trabajo, o que diga la maravillosa frase “eso que hacéis”, que es bastante acertada si tenemos en cuenta que, en muchas ocasiones, ni siquiera nosotros sabemos definirnos.

A mí me encanta que digan “eso que hacéis”. Me encanta porque, aunque a menudo suele ir encajado en una pregunta del tipo “pero, exactamente, ¿qué es eso que hacéis?”; cada vez más veces va dentro de frases como “me gustaría que vinierais a mi colegio a hacer eso que hacéis” o “eso que hacéis, ¿cómo puedo hacer para que llegue al colegio de mis hijos?” y también el “me gusta mucho eso que hacéis”. Detrás de estos “eso que hacéis” está la sorpresa, las ganas de probar algo nuevo, el entusiasmo por algo que, sin saber muy bien qué es, funciona.

En realidad, sí que nos dedicamos a escribir y a educar. Más o menos, claro. En realidad, esas sí son palabras acertadas para definir nuestras profesiones. Al menos, en este mundo en el que es necesario definir todo (y en pocas palabras). Pero, quizá la expresión que mejor define nuestro trabajo sea “eso que hacemos”: eso que no se puede explicar en dos o tres palabras y que logra resultados extraordinarios muy buenos. (He quitado lo de extraordinarios para no parecer pretencioso, pero creo que lo que conseguimos se sale de lo ordinario así que…).

Esta indefinición suele traer complicaciones a la hora de buscar epígrafes en la seguridad social, a la hora de contarle a tu gestor cuál es tu forma de ganarte la vida, a la hora de que tus propios padres le cuenten a sus amigos de qué viven sus hijos o incluso a la hora de ponerlo en tu propio currículo. Pero bueno, cuando eliges algo que se sale de lo normal, suele ocurrir esto.

Me gusta pensar que la nuestra es una profesión de futuro. Una profesión de esas que no existían cuando éramos pequeños. Además, creo que es exactamente lo que va a pasar con muchos de nuestros hijos: la mayoría de sus profesiones no existen todavía. Por eso debemos educarlos para que sean capaces de todo, para que  busquen una profesión que les guste, aunque se llame “eso que hacéis”, que les haga felices y, si puede ser, que, a través de esa profesión, hagan también felices a los demás.

Dicho esto, la última formula de contar lo que hacemos en Yo, contigo es “nos dedicamos a elaborar y desarrollar contenidos educativos a través del teatro y la narración oral”. Creemos que es bastante acertada, pero claro, esto, ¿cómo lo pones en la casilla de profesión de un formulario? En espera de encontrar una palabra mejor, educadora y escritor son palabras que nos gustan y con las que nos identificamos, al menos, en un 50%. Además, seguramente será mejor que “eso que hacen mis padres”.

Teatro en equipo

Una de las mejores cosas que tiene el teatro es la capacidad y la obligatoriedad del trabajo en equipo. A menudo, en nuestras clases, nos esforzamos por intentar enseñar a nuestros alumnos las ventajas de trabajar en equipo. No es fácil encontrar materias, temas y formas de trabajar que fomenten la colaboración. Durante muchos años, se nos ha dicho que hacer trabajos por parejas o en grupos de tres o de cuatro ayudaba a crear en el alumno las capacidades necesarias para trabajar en equipo y es cierto pero: ¿cuántas actividades desarrollamos en nuestras aulas que potencien el trabajo de todos nuestros alumnos? Quizá la excursión del fin de curso, sin desmerecer la importancia que tiene, sea la única actividad en la que todos colaboran y, por desgracia, a menudo es, una vez más, una actividad en la que los líderes de la clase marcan la pauta de lo que se debe y no debe hacer.DSC_0006

Una herramienta perfecta para trabajar la colaboración de los alumnos, de todos los alumnos de una clase, es el ámbito teatral. En el teatro escolar, el teatro que se hace en el aula, el protagonista (si lo hay) depende tanto de los demás que es imposible que desarrolle bien su parte si no cuenta con la ayuda de todos. En el teatro, una cadena de eslabones bien entrelazados es imprescindible para obtener un producto final satisfactorio. Una clase, trabajando como una compañía teatral, aprende a trabajar en equipo de una forma natural y sobre todo, muy gratificante.

No hay vuelta atrás

Hace ya un año que emprendimos esta aventura. Lo llamo aventura, aunque sea un término muy manido, porque no consigo que se me ocurra otra palabra que defina mejor todo lo que nos ha sucedido en estos meses de emprendedores.

La primeras tarjetas de Yo, contigo

Yo, contigo. Teatro en el aula

Lo de emprender no tengo claro que sea un concepto que me guste. Me gusta lo que implica de riesgo, de novedad, de libertad y, como es mi caso, de hacer algo que realmente me encanta. Lo que no me gusta tanto es lo que tiene de riesgo, de novedad, de falta de libertad y, como es mi caso, de hacer muchas cosas que detesto. Es algo contradictorio. Desde que me dedico a Yo, contigo tengo la extraña de sensación de vivir en una constante contradicción: dispongo de más tiempo para mi familia pero no lo disfruto igual porque estoy pensando que debería trabajar más; dispongo de menos dinero que nunca pero sé que soy un privilegiado que tiene mucho más que la mayoría; discuto con mi mujer muchísimo más que antes pero estoy muy feliz de pasar casi todo el tiempo con ella; me gustaría volver a ser un empleado pero ya no estoy dispuesto a dejar ninguna de mis ocupaciones actuales. En fin, un lío.

La parte más positiva de todo esto es que ya no tiene vuelta atrás. He oído bastantes veces que es importante que salgamos de vez en cuando de nuestra zona de confort. Yo tengo la sensación de haber salido hace tanto tiempo que ya no recuerdo cómo era mi zona de confort. La verdad es que no sé si estoy bien o mal, pero no voy a volver a visitar esa zona durante un buen periodo de tiempo. También compensa creer (al menos, creer) que lo que hacemos en Yo, contigo sirve para construir un mundo mejor. Pero eso queda para otra entrada en el blog así que me quedo con el título de este post: soy emprendedor… no hay vuelta atrás.

jacob

Hacerse escuchar

Nacemos con la capacidad de oír. A escuchar, aprendemos con los años y, lo queramos o no, requiere un esfuerzo. En demasiadas ocasiones, no hacemos ese esfuerzo y es nuestro interlocutor el que nos tiene que sacar de nuestro tedio para que escuchemos su mensaje. Hacer un mensaje atractivo para aquellos a los que va dirigido no es una tarea sencilla. Esto lo saben muy bien todos aquellos que se dedican a hablar en público: conferenciantes, agentes comerciales, comunicadores,… cada uno con un fin diferente pero con un mismo objetivo: conseguir que sus oyentes se queden con el mensaje. Los docentes son, quizá, los que mejor conocen la dificultad de llegar al oyente; están expuestos, cada día, a uno de los públicos más exigentes que existe: niños y adolescentes.

Maestros y profesores buscan en sus aulas que esta audiencia tan exigente escuche y aproveche todos los conocimientos que se transmiten. Y, todo esto, con la presión añadida de que la forma en la que llegue su mensaje a la audiencia será crucial para el futuro desarrollo de esa persona. En una palabra: tienen que educar. Nada menos que educar. Cada una de sus presentaciones ante el público y, sobre todo, el conjunto de ellas, se convierte en la conferencia más importante a la que va a asistir una persona en su vida. Además, probablemente, nadie se acuerde de esa conferencia después de unos años. Simplemente, si el educador ha hecho bien su trabajo, quedará grabada en nuestro interior para el resto de su vida.

El docente se convierte, cada jornada laboral, en conferenciante, en agente comercial, en reportero, en actor de un teatro sin telón ni bambalinas,… Se transforma para que su audiencia escuche, para que le compren la maravillosa idea de aprender, para que su noticia interese o para que, tras su actuación, aunque no oiga aplausos, sepa que, cuando salgan del teatro del aula, los espectadores se van con el corazón lleno.

Cada vez que un educador se hace escuchar, con sus propios recursos o con ayuda externa, vuelve a convertir su profesión en el trabajo más importante del mundo.

El proyecto

Yo, contigo. Ese es nuestro nombre y nuestra filosofía: unir nuestra experiencia y nuestros conocimientos a los de profesores y colegios para llevar a las aulas el teatro como herramienta de trabajo. Valores, capacidades, expresividad, conceptos,… El teatro es capaz de transmitir casi cualquier cosa que nos propongamos. Cualquier cosa que nos propongan.
Nuestra primera idea fue ofrecer a los colegios obras de teatro originales o adaptadas a sus necesidades para que fueran representadas en el ámbito escolar. Desde ahí, hemos abierto un mundo de posibilidades que pasa por talleres, charlas, configuración de espectáculos, apoyo en presentaciones y representaciones, escuelas de teatro en familia,… Nos hemos dado cuenta de que, uniendo teatro y educación, las posibilidades son enormes. De hecho, aún no sabemos hasta donde podemos llegar.
En el teatro escolar, el grado de satisfacción personal tanto en los actores como en los espectadores es altísimo. Ese potencial enorme es lo que, desde Yo, contigo, no queremos perder. Le damos mucha importancia al texto (y la tiene) pero mucha más a la forma en la que se trata ese texto y a los actores y actrices que lo van a interpretar. Amamos el teatro pero somos unos devotos de la educación.

¿Tienes una idea? Déjanos que te ayudemos.